El río Gállego y las futuras generaciones, por Íñigo Aramendi

Imagen de satélite de la desembocadura del Gállego. Es apreciable el color anómalo de las aguas .
Imagen de satélite de la desembocadura del Gállego. Es apreciable el color anómalo de las aguas .
El pasado 11 de mayo, diversos colectivos de mujeres realizaron en varias ciudades del mundo, un gesto animando a ponerse en pie de paz. Entre otras cosas, señalaban en su manifiesto: “Es nuestro propósito construir y dejar en herencia a las futuras generaciones un mundo sano, amoroso y libre [..] Un mundo con agua pura, aire limpio, vivienda digna y alimentos saludables suficientes para todas las personas”. Resulta imposible resistirse a la hermosura de estas palabras y sumarnos a ese compromiso de construir y dejar para las generaciones futuras un mundo más limpio y más sano.

Sin embargo, la cruda realidad nos recuerda lo lejos que estamos de ese futuro deseado. Los ejemplos son numerosos a lo largo del planeta y por supuesto, también en nuestra casa, en Aragón. Recientemente, desde EQUO Aragón hemos denunciado la situación del río Gállego a la altura de su desembocadura, donde la disminución de su caudal, combinada con los vertidos industriales, ha dado lugar a un río con agua de color marrón. Tal y como señala acertadamente la organización SEO/BirdLife, el río Gállego es una víctima de la mala gestión del agua. Nacido bajo el cemento de las infraestructuras construidas en el Pirineo para el fomento de la nieve, soporta diversos proyectos hidráulicos (con la amenaza añadida de Biscarrués) para sufrir, ya en su desembocadura. al vertido de residuos procedentes de la industria papelera situada en su ribera. Al parecer, para la Confederación Hidrográfica del Ebro la solución pasa por incrementar el caudal aportando agua de la presa de Ardisa, con la intención de que “lo marrón” se diluya en una mayor cantidad de agua. Asimismo, esta institución y la papelera insisten en que no se está produciendo ilegalidad alguna, ya que se realizan exclusivamente los vertidos permitidos y no otros.

En el mejor de los casos, se pondrá en marcha una investigación para determinar si hay responsables, para ofrecer posibles soluciones, etc. Un proceso para cubrir el expediente que permita mantener en la sombra las verdaderas causas de este desastre: una gestión economicista y nefasta del agua y una visión especulativa de nuestro medio natural. La Directiva Marco del Agua considera que “el agua no es un bien comercial como los demás, sino un patrimonio que hay que proteger, defender y tratar como tal”. Señala la importancia de “la protección a largo plazo de los recursos hídricos disponibles, una mayor protección y mejora del medio acuático,[…] mediante medidas específicas de reducción progresiva de los vertidos”. Y es vinculante. Las herramientas legislativas y la tecnología necesaria para poner remedio inmediato a la situación están ahí. Desde EQUO Aragón instamos a cumplir inmediatamente con los caudales mínimos y poner fin a los vertidos de la papelera de Montañana. Reclamamos una política hídrica exigente con quienes generan residuos y vertidos, que obligue al uso de sistemas de depuración ecológicos.

No podemos mantener, como sociedad, la contradicción de responder a intereses puramente especulativos y economicistas y al mismo tiempo, asegurar a las generaciones futuras un mundo sano y limpio. Debemos iniciar una transición hacia un modelo social y económico respetuoso con las personas y con la naturaleza. Como recoge el manifiesto en pie de paz “un mundo donde la familia humana honre la Tierra y la preserve para las generaciones futuras”.